Ser Dios

«¿Cuánto más necesito para ser Dios?», se preguntaba Robe en ese Jesucristo García que lo catapultó a los altares del rock y lo convirtió en lo que menos esperaba: una auténtica deidad de la música. Crudo y directo en sus inicios, más melancólico y filosófico en su carrera en solitario, el rapsoda de la calle se convirtió, quizá a su pesar, en favorito de todos los públicos. Ayer se coló por la vereda de la puerta de atrás, una canción en la que admitía haberse pasado la vida «buscando el siguiente escalón», para subir el último peldaño. El mundo es hoy más extremo y duro sin el otro Iniesta de nuestra vida.