Macaco: «Para mí la música no es solo entretenimiento, también es conciencia»
Dani Macaco aparece con el rostro pintado, a simple vista parece que viene preparado para el combate, pero sus pinturas no son de guerra, son tribales, porque las únicas batallas que merecen la pena son por las causas justas.
«Esta cosa de desconectar que mucha gente dice ‘voy a un concierto a desconectar’ está bien, pero se puede bailar y a la vez estar ahí con la antenita y que te vayan diciendo cosas o tú diciendo cosas y crear ese debate, ¿no? Para mí la música siempre ha sido así, no es solo entretenimiento, también es conciencia«.
Lleva más de 20 años creando una música en la que la diversidad, la multiculturalidad y la comunidad son parte esencial de la sintonía: «El activismo y ese amor por la naturaleza han estado siempre ahí. Yo soy un chalado del mar y la montaña, y de los derechos sociales, y de lo colectivo. Siento que yo he venido a esta vida a jugar las piezas de otra manera, para bien o para mal».
Y de ahí, su último tema, No encajo, que pertenece a su nuevo disco Futuro ancestral. Un proyecto que presenta este jueves en la Joy Eslava en Madrid, y que es una mezcla bailonga de sonidos latinos, afrobeat, rumba flamenca, catalana y slam poetry. Un trabajo que rezuma ironía en las letras, rimas ingeniosas y mensajes contundentes sobre un mundo en el que encajar, a veces, es complicado.
«No encajo viene de ahí también. Los nativos digitales en sus islas virtuales, pero a mí me gusta con mi vista ir a pedales, siempre mis auriculares, un buen bolero, un poco eso», me canta espontáneamente.
Un disco para bailar y pensar al mismo tiempo, para soltar y reflexionar sobre la sociedad en la que vivimos: «‘Cualquier tiempo pasado fue mejor’ no, pero sí que es verdad que el acelerón de ahora, el cambio de era en el que estamos, todas estas corrientes, por ejemplo, neoliberales, de individualismo extremo, del ego tripping llevado al máximo exponente, están ahí, están superamplificadas».
Tumbado en un diván del Hotel Emperador, hablamos casi como doctora y paciente en una sesión de terapia, y me cuenta sincero las críticas que también ha tenido que sufrir en estos años por elegir un camino que no ha sido siempre el más fácil.
Renunció a ser coach de La Voz y muchos otros proyectos que le habrían dado más visibilidad y dinero, porque eligió decir las cosas desde otro lugar. «Hay mucha gente que me tira dardos desde mis inicios, por la cosa esta de ‘dedícate a cantar y punto’. Mucha gente que ha ido a por mí desde grandes multinacionales, amenazas de Monsanto, partidos políticos en los que estoy vetado, desde juicios porque me han cogido canciones…», recuerda. Falange Española (FE) quiso usar una de sus canciones para la campaña en las europeas y les denunció.
A pesar de los sinsabores, es vitalista, positivo, cree en la alegría, que hoy es casi una disidencia. Y porque, como él dice, «hay mucha más gente bonita». Un niño que no encajaba ya de pequeño porque su imaginación era más grande, un peliculero que se transforma sobre el escenario.
«Yo siempre lo he necesitado, soy peliculero, no soy práctico. He tenido que ser muy hombre desde muy chiquito por circunstancias familiares, pero a la vez un niño. Siempre el padre, el hombre que soy, es el niño que fui. Hay que jugar hasta el final, siempre con mucho curro, pero es que, si no, es superaburrido», destaca.
Un Macaco, como le llamaba su madre de niño, y un tipo que disfruta del proceso, de la calma, de las pequeñas cosas, del sol, del mar, de unas aceitunas con hueso, como le gustan, con su tribu, porque ahí está la resistencia en estos acelerados tiempos. Porque, según «la filosofía Macaco», el futuro será ancestral, o no será.









