Fan frustrado en tiempos de ‘bots’
Después de lo visto con los conciertos de la gira Lux de Rosalía, confirmamos lo que ya intuíamos: el sistema de venta de entradas en España está roto. Y no es culpa del público, sino de las ticketeras y de los artistas que, sin rubor, permiten una reventa cada vez más burda, indiscriminada e injusta. Da igual cuándo te conectes, que tengas fibra óptica o que le reces a los dioses del Olimpo. Las colas virtuales te colocan ante más de 100.000 supuestos compradores, muchos de ellos bots. Cuando por fin avanzas, solo quedan reventas a precios manipulados por quién sabe quién. Una estafa económica… y emocional.
Cierto es que en España tenemos urgencias infinitamente más graves que van desde la vivienda a la precariedad laboral pasando por la sanidad pública, pero este tema también merece atención. La cultura es un derecho, también genera país y construye comunidad. El Ministerio de Cultura no puede seguir mirando hacia otro lado mientras miles de seguidores se quedan fuera de los conciertos de sus artistas preferidos por culpa de sistemas opacos que benefician a unos pocos.
He conseguido entradas para ver a Rosalía, sí… pero en Milán. Viviendo a diez minutos del Movistar Arena, me toca recorrer 1.200 kilómetros, pagar vuelos y hotel para ver, fuera de mi país, a la artista compatriota más influyente de mi generación. Era eso o vender un riñón. Es absurdo, frustrante y triste. Lo más doloroso no es el dinero ni la logística. Es la ilusión perdida. Soñaba con que este fuese el primer concierto de mi sobrina. Quería compartir con ella ese momento fan generando un recuerdo juntos imborrable. No podrá ser.
Esa es la verdadera frustración: cuando la cultura es inaccesible y se convierte en privilegio. Cuando ser fan ya no va de emocionarse, sino de sobrevivir al sistema. Tiene que cambiar.




