Miguel Poveda: «Vivo deseando que nos caiga en Cataluña una lluvia de cordura»

PAULA ARENAS

  • "Uno se manifiesta incluso a favor del entendimiento y también te caen piedras".

Miguel Poveda

Apasionado por Lorca, habitual dada la fuerza y alcance de sus versos y la manera de desgarrasrse de Poveda, el artista publica nuevo trabajo, Enlorquecido.

El Premio Nacional de Música, que ha mezclado el flamenco con lo que le ha dado la gana, y que salió de Barcelona, aunque le costó que le reconocieran que siendo catalán y no gitano se podía estar en ese palo, es hoy un referente indiscutible.

¿Cuánto de Lorca y cuánto de Enlorquecido?
Enlorquecido totalmente. Nunca pensé que iba a llegar a ese punto de locura, de bendita locura. Mi punto de partida era hacer la selección de poemas y poder llegar a hacer la música; esa era la montaña, y ya era mucho. Y al final me he obsesionado por la personalidad de Federico.

¿Y qué ha descubierto que no sabía?
Intuía que Lorca era así, aunque quizá no con tanta intensidad. He descubierto que atrapa a mucha gente, no solo a mí. Así me lo dijo Ian Gibson, que estaba enlorquecido. La palabra es de Juan de Loxa, un poeta de Granada. Y describe el momento que yo estaba viviendo. Pensaba que el reto era saber qué ponerle y qué poemas elegir, pero al final lo que quería era leer y leer más de él, saber de su personalidad, de su vida.

Y de su viaje a Nueva York, del que hay mucho en este álbum…
Sí, pobre, fue justo después de una depresión. Y fue crucial ese año en Nueva York. Grito hacia Roma es un poema, que es un grito desesperado a la sociedad.

¿Qué parte le toca más?
Él me hace llorar cuando está herido de amor, porque al final te haces amigo de él, un poco él. Lo sientes tuyo. Lees los Sonetos del amor oscuro y te paras en esa época de Federico depresiva y muerto de amor, y empatizas con él hasta el llanto.

¿Tanto?
Y más: me emociona también su sentido de la justicia, su compromiso social. Y te lo acrecienta con su zarandeo, porque te zarandea. Tenía muchas ganas de cambiar el mundo. Y aquí sigue.

¿Encuentra paralelismos con usted, ya que él escribió a los gitanos, y usted, que siendo barcelonés es flamenco?
A él le gustaba el duende, pero no solo el de los gitanos. Aunque los gitanos es cierto que le gustaban en especial. Y era una valentía cantarles en aquella época.

¿Cuánto le costó hacer hueco a su duende?
No fue fácil, pero tampoco fue muy difícil y agradezco esa dificultad. Los obstáculos hacen que crezcas y que te curtas. Te vas dejando piel detrás. Pero un camino fácil tampoco creo que sea sano, tampoco uno aterrador y tortura continua para llegar a algo. Lo mío no ha sido tortura.

¿No?, ¿ni un poco?
Sí, pero la tortura la llevas en el interior. Y la sacas en el arte. Ahí coges todos los sentimientos y lo llevas al extremo. Es un poco de tortura, fábula y entusiasmo llevado a lo más primitivo. Todo eso es lo que te hace estar vivo.

Y lo que le salva del psiquiatra…
La ha sido mi mejor psicólogo y psiquiatra. Ahora, que he estado unos meses sin cantar, me he dado cuenta de que si no canto, me marchito. Es el sentido de mi vida, tendré un problema si no puedo cantar algún día. Es mi cometido en la vida. Puedo parar dos meses, pero más no, que me muero. Mi sentido es comunicarme a través de la música y la palabra.

¿Cómo fueron sus inicios en Barcelona?
Cuando yo empecé, era mucho más diversa de lo que es ahora, y lo digo con todo el dolor, porque soy barcelonés hasta la médula. Y catalán, por supuesto, aunque soy del mundo. Me da mucha lástima porque era maravilloso el ambiente flamenco que había en la periferia, que ahí vivía yo. Eso llegó a la ciudad y sin tanto prejuicio en el público y con tanto rechazo como existe ahora que ha llevado a cometer la torpeza de asignar a la unos elementos que poco favorecen al ser humano. Vivo esto con mucha tristeza y el deseo de que nos caiga en Cataluña una lluvia de cordura que nos haga que cada uno, con su ideología, tome conciencia.

¿Ha faltado discurso intelectual y artístico en ese sentido?
Pero si es que uno se manifiesta incluso a favor del entendimiento y también te caen piedras. ¿Cómo se le pueden tirar piedras a Serrat? Me parece que es el colmo de le sinrazón y la catetura máxima. Así que ni siquiera puedes tener un discurso conciliador. O tienes el suyo o eres el enemigo.

¿Qué canción para el entendimiento?
¿Sabes qué ocurre?, que yo estaría más preocupado en hacer un llamamiento a otras cuestiones más importantes que ésta, como por la gente que huye de la guerra, los impedimentos que tienen tantos para salvar vidas… Eso sí es grave: Siria, Palestina e Israel, las guerras, eso es mucho más terrible que un trozo del planeta que en el universo no es y una vida humana es mucho. Y no quiero ser demagogo ni nada de eso.

¿Con cuál se queda de Enlorquecido para llegar a esa llamada?
Grito hacia Roma, que no es un mensaje ateo ni contra Dios ni la Iglesia. Se aplica a la política. Dice: "no olvidemos que Cristo puede dar agua todavía". Se carga Roma pero no a Cristo.

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