La fiesta de despedida de Izal que hizo vibrar a Madrid

CRISTINA MUÑOZ FRITSCH / FOTO CEDIDA POR @Hairpelopo/Luis Gómez

  • La banda ofreció el sábado por la noche su concierto de despedida.
  • 16.000 personas abarrotaron el Palacio de los Deportes de Madrid.

Ya había comenzando la cuenta atrás, y ese viaje a lo largo y ancho de Copacabana llegaba a su fin. El del sábado por la noche iba a ser el último gran baile de Izal hasta 2018, y más de 16.000 personas habían agotado las entradas para un fin de gira que tenía como telón de fondo el Palacio de los Deportes de Madrid.
Pero encontrarse con un recinto como este abarrotado, con la gente volviéndose loca por conseguir una entrada en reventa, con un público que a pocos minutos de que el grupo saltara al escenario no podía contener sus ansias de fiesta, no es casualidad. Y es que la banda capitaneada por Mikel Izal lleva a sus espaldas una larga trayectoria que se resume en más de siete años de trabajo y tres discos en el mercado. Por eso, lo que ayer pasó en Madrid, lo que desde hacía meses, cuando colgaron el 'sold out', había dejado a muchos con la boca abierta, es la recompensa a la lucha y el esfuerzo de cinco personas que, tal y como señaló anoche el líder, dejaron sus trabajos para dedicar todo su tiempo y energía a un proyecto que a penas les daba dinero para vivir, con el que empezaron dando palos de ciego, pero que al final del camino tendría una gran recompensa.

Y ese final del camino no hecho más que empezar este sábado 25 de febrero, cuando a las diez de la noche el Palacio de los Deportes quedaba a oscuras y Madrid enmudecía. Estáticos, observando sin parpadear el escenario e intentando adivinar qué canción daría la bienvenida a la última fiesta de Izal —al menos hasta el año que viene—. Empezaron a sonar los acordes de Despedida como un guiño a lo que esa noche significaba, al tiempo que una grabación imitaba el sonido de una radio sintonizando una emisora. Eran tales las ganas que, aún sin la presencia del grupo, los allí presentes ya habían comenzado a cantar y saltar, invadidos por una euforia que permanecería constante a lo largo de todo el espectáculo.
Con un ambiente ya caldeado, hizo su entrada la banda, y la voz grave de Mikel cantando las primeras estrofas de Despedida terminó de levantar a todos los que habían ido a vivir uno de los conciertos del año. Y por si todavía quedaba alguien que no hubiera entrado en calor, en este primer bloque había hueco para Hambre y Agujeros de gusanos.
"Buenas noches Madrid. ¿Qué ha pasado?. Esto es increíble para cinco tíos como nosotros. Llegar a un sitio tan cálido como este que habéis fabricado vosotros". Eran las palabras de un Mikel emocionado, que a lo largo de la noche iría recordando los pasos y los momentos que les habían traído hasta esta noche. Como el recuerdo de hace unos quince años cuando, ataviado con una bata de estar por casa —la que sacó en mitad del concierto—, empezaba a componer las canciones de lo que sería tiempo después Izal, o su primera vez sobre un escenario, en el Café La Palma de Madrid.
Tras este primer asalto, retomaron el show, del que también quisieron formar parte invitados como Jorge Drexler y Miss Caffeína, con un recorrido por sus tres trabajos con Palos de ciego, La piedra invisible, Tóxica, 28 horas, Arte moderno, Extraño regalo, Los seres que me llenan, Pequeña gran revolución, Oro y humo, Tu continente y Conclusión en Do.
Entre canción y canción, hubo tiempo para presentar Ruido blanco uno de los temas que formará parte de su cuarto disco, el que ya está compuesto y que se encerrarán a grabar durante lo que queda de año, y con el que pudimos comprobar que, aunque el listón de Copacabana está muy alto, no les va a ser difícil, como mínimo igualarlo. Una canción que hasta el propio Mikel reconocía olvidarse parte de la letra y con la que agradecía que incluso sin conocerla, el público la cantara. O bueno, hiciera que cantaba. "Así se vive un concierto, cantándote hasta lo que no te sabes. Bravo por esa gente que se inventa las cosas".

"Todo tiene un final. Nos retiramos de los escenarios hasta 2018 y va a ser muy duro"

Todavía quedaba mucha noche por delante, y lo mejor estaba por llegar. Aquellos temas infalibles, los que esperas con tantas ganas que cuando terminan de sonar te entra una especie de bajón y parece que vas a desinflarte poco a poco, llevarían al éxtasis a un Palacio de los Deportes a reventar.
Sólo nos hizo falta una señal para que todos los allí presentes nos pusiéramos el disfraz y nos dejáramos las gargantas al ritmo de algunos de los grandes éxitos de la banda, como La mujer de verde, Pánico Práctico, Asuntos delicados o Copacabana.
Y tras unas dos horas de concierto, que podríamos volver a revivir una y otra vez sin cansarnos, se iba acercando el temido fin de los finales. "Todo tiene un final. Nos retiramos de los escenarios hasta 2018 y va a ser muy duro. Nos habéis hecho muy felices".

Pero antes de bajar el telón no podía faltar El Baile. Todo se llenó de humo y confeti, y la nostalgia de una despedida se transformó en 16.000 "locos" bailando, mientras aquello se iba derrumbando poco a poco. Para entonces habíamos sido partícipes de la gran eclosión de un grupo que, después de tantos años soñando despiertos, estaba viviendo su pequeña gran revolución.

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